Sin embargo, sobre las pasarelas del andamio de dos pisos que el Ayuntamiento ha instalado para que pinte la comarca, el grafitero linarense recuerda, por momentos, al funambulista galo Philippe Petit. El espacio municipal que ha cedido la Administración local cazorleña es la pared del vestíbulo del monumental Teatro de la Merced. Un edificio del siglo XVI, catalogado como Bien de Interés Cultural, en el que cada piedra narra un trozo de la historia de un municipio que es cabeza de comarca para una población de 33.993 habitantes.
Convento e iglesia mercedaria en sus orígenes, este edificio es una de las joyas patrimoniales de Cazorla y la “preocupación” de los trabajadores municipales y también la del propio alcalde, Antonio José Rodríguez Viñas, ante los motivos que esbozará Belin en una de sus paredes era manifiesta. “Hoy mismo, la secretaria me ha preguntado por los bocetos y yo le he dicho: ‘¡No hay!”, comenta el regidor, que, a pesar de todo, añade: “Conociendo la obra de Belin —que, hace dos años, realizó el cartel del Festival Internacional de Blues—, sabíamos que no le iba a faltar calidad a lo que hiciera. Las dudas que teníamos eran si el mural quedaría integrado en este espacio”. Y, desde abajo, admirando la alcazaba que domina la ciudad y los guiños a la fauna y la flora de la comarca que se extienden ahora en la antigua pared blanqueada, reconoce: “El objeto es espectacular. Exalta y resalta los valores naturales del Parque y también el lado monumental de estas tierras”.
Para representar las singularidades de esta comarca, Belin ha elegido una de sus fortalezas de referencia: el Castillo de La Yedra, que, ahora, se alza, imponente, ante la mirada alucinada de los alumnos de Infantil del colegio San Isicio, que, junto con los estudiantes del instituto y del colegio Virgen de la Cabeza, están citados en el teatro para ensayar la actuaciones que han preparado con motivo del Día Internacional de la Paz. Sin embargo, antes de entrar a la sala y de subirse al escenario, en el vestíbulo dejan sus caras fascinadas e interjecciones como “¡guauuuuuuu!”. “¡Está pintando un águila!” “¡Y el castillo!”, dice un menor. Y, entonces, de la boquita de una niña se escapa un grito: “¡Ahí está la tía Tragantía!”. Con apenas cinco años, ya sabe que, en la noche de San Juan, el 24 de junio, en las mazmorras de la antigua alcazaba se revuelve una “mujer serpiente”, hija del último rey moro que gobernó Cazorla, que quedó aprisionada en su interior cuando los cristianos tomaron la ciudad. Desde entonces, en la noche más corta del año, en Cazorla, se escucha una voz tenebrosa que canta pidiendo venganza: “Yo soy la Tragantía, hija del rey moro, el que me oiga cantar no verá la luz del día ni la noche de San Juan”.
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